Cada mañana es la primera en levantarse. En casa del vecino es Mario el que se levanta temprano. Cada mañana, antes de pensar en asearse se dispone a calentar agua para el bendito mate y calentar la leche, hacer las tostadas, preparar las bandejas del desayuno para los críos y de a poquito despertarlos con el ya acostumbrado "Buen día, a levantarse!!!".

 

María escucha a través del ducto del baño a Mario haciendo la misma operación, Vamos muchachos, arriba!!!!

Y así comienza la mañana, como todas y cada mañana. Luego tiene que hacer camas, darse un baño, salir a la compra, cocinar para el mediodía y con Mario, viudo y con tres hijos acostumbran a comprar a medias y de esa manera ahorrar un poco por aquello de que más compras más rebajas te hacen y así sigue la mañana.

Le dijeron que tenía que ir a dos reuniones de padres del colegio y tres citas con las maestras y allí estuvo en punto y salió rauda porque los chicos venían a almorzar.

Otra vez espinacas mamá!!!! Ya estoy harto de las espinacas, y el otro, NO!! Me niego a comer esta cosa verde y ella se desvive tratando de disimular la espinaca dentro de la comida pero, cómo se hace con estos chicos tan sagaces?

Y a la tarde siguen los deberes y mandados que María hace a diario y al final del día, todos en sus camas, ella se sienta en el living, toma un vaso de leche y piensa en lo que hará mañana. Para qué pienso, se dice, todos los días es lo mismo.

El fin de semana llega y ella se queda sola, todos tienen algo que hacer, así que aprovecha para planchar, lavar, escribirle aquel email a aquella amiga que se hizo en Internet y que le cuenta sus cuitas y ella se conmueve y le dice lo mucho que la apoya en todo lo que ella decida.

Una preocupación más dice María para sí misma y sus hijos se burlan porque dicen que ni siquiera conoce a esa mujer pero ella sostiene que sí, que la conoce y que si puede ayudarla lo hará.

Sos una ingenua mamá, y María piensa, no, soy una mujer solitaria que necesita una amiga y en esta vida no tengo tiempo.

Y tal parece que la vida pasa y a María se le comenzó a poner el pelo cano, Mario ha conseguido compañera que lo ayuda en casa, parece que la cosa va en serio y se alegra mucho por él. Y los hijos crecen y se hacen hombres y comienzan a equivocarse y un día María no está más junto a ellos para ayudar.

Y se extraña el "Buen día, a levantarse", las largas charlas de mamá. No importa cuantas veces les haya dado un beso o un abrazo, lo que más extrañan es la dulzura con que mamá trataba de disimular la espinaca en aquel soufflé. Hoy, todos ellos disfrutan de su plato de espinaca.