Compruebo con mucho dolor que los pedidos de auxilio son sordos a los oídos del resto de los mortales.
Cuando ya es tarde nos detenemos a reconocer, por un instante, que aquello fue un grito, un pedido, un aviso de lo que iba a pasar.
Nada hicimos, todos ensimismados en nuestro huevo, procurando que no se rajara más, nos olvidamos de escuchar, de atender a aquellos gritos de auxilio.
Cuando ya no gritaron más fue cuando nos percatamos de ello, demasiado silencio.
Nos consolamos diciéndonos, "Era inevitable" pero NO LO ERA.
El espacio está lleno de aquellos que gritan en silencio. Todavía podemos aprender a escuchar, tenemos las armas para defendernos y defenderlos, tenemos oídos y dos brazos para abrazar fuerte a quien lo necesite.
Quizás así logremos que esos gritos se conviertan en música.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados