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Terra
La Coctelera

Anécdotas de campaña

Algo que nunca hago, andar a caballo, esos animales maravillosos no se llevan bien conmigo ni yo con ellos. Intuyen el temor que les tengo y se niegan a obedecer. Se sienten inseguros conmigo “al volante”, pero ese día me subí a uno, una yegua mansa, al decir de la peonada y me fui temerosa escuchando las risas que les provocaba ver mi temor.

La yegua enfiló pa’l monte sin que yo le dijera nada, tal parece que pensó que si tenía que soportarme iba a ir pa’donde ella quisiera y se iba a reir de mi igual que los peones.

Y así fue, nada de hacerme caso y me llevó al monte y se metió entre las coronillas y salió del otro lado hasta que de pronto galopó hasta aquella tapera abandonada.

Me extrañó ver aquello, generalmente a las taperas se las quema porque juntan mucho insecto, sobretodo las vinchucas que traen solamente problemas a la gente de campo.

Pero mi yegua se calmó al llegar y se decidió por retozar mientras yo me bajaba con mucho cuidado, … me apeaba, como se suele decir.

Me gustó aquel paisaje y lamenté el deterioro de aquella casa humilde que parecía un fantasma de lo que un día fue.  Entonces sentí aquel gritito tímido y me acerqué  lentamente a ver quien lo emitía. Y allí estaban dos ñandú, pequeñitos y muy juguetones.

Mamá Ñandú parecía no estar cerca así que tuve la intención de llevarlos conmigo de vuelta pero en ese mismo instante la yegua relinchó avisándome que cerca estaba ella y la ví justo cuando se me vino encima, enorme y furiosa defendiendo su cría.

Lo siguiente que recuerdo es la yegua mojando mi cara con su naríz húmeda, si al final del cuento me vine a hacer amiga de la mansa yegua que me llevó maltrecha de nuevo pa’las casas.

Cuando me fui el eco de fondo eran las risas de la peonada y cuando volví tuve que escuchar las mismas risas pero con más ganas!!!! Me alegro de haber hecho feliz a tantos, lástima que me duela tuito el cuerpo del revolcón que me dio la emplumada criatura.

El amor a través de las cosas simples

Cada mañana es la primera en levantarse. En casa del vecino es Mario el que se levanta temprano. Cada mañana, antes de pensar en asearse se dispone a calentar agua para el bendito mate y calentar la leche, hacer las tostadas, preparar las bandejas del desayuno para los críos y de a poquito despertarlos con el ya acostumbrado "Buen día, a levantarse!!!".

 

María escucha a través del ducto del baño a Mario haciendo la misma operación, Vamos muchachos, arriba!!!!

Y así comienza la mañana, como todas y cada mañana. Luego tiene que hacer camas, darse un baño, salir a la compra, cocinar para el mediodía y con Mario, viudo y con tres hijos acostumbran a comprar a medias y de esa manera ahorrar un poco por aquello de que más compras más rebajas te hacen y así sigue la mañana.

Le dijeron que tenía que ir a dos reuniones de padres del colegio y tres citas con las maestras y allí estuvo en punto y salió rauda porque los chicos venían a almorzar.

Otra vez espinacas mamá!!!! Ya estoy harto de las espinacas, y el otro, NO!! Me niego a comer esta cosa verde y ella se desvive tratando de disimular la espinaca dentro de la comida pero, cómo se hace con estos chicos tan sagaces?

Y a la tarde siguen los deberes y mandados que María hace a diario y al final del día, todos en sus camas, ella se sienta en el living, toma un vaso de leche y piensa en lo que hará mañana. Para qué pienso, se dice, todos los días es lo mismo.

El fin de semana llega y ella se queda sola, todos tienen algo que hacer, así que aprovecha para planchar, lavar, escribirle aquel email a aquella amiga que se hizo en Internet y que le cuenta sus cuitas y ella se conmueve y le dice lo mucho que la apoya en todo lo que ella decida.

Una preocupación más dice María para sí misma y sus hijos se burlan porque dicen que ni siquiera conoce a esa mujer pero ella sostiene que sí, que la conoce y que si puede ayudarla lo hará.

Sos una ingenua mamá, y María piensa, no, soy una mujer solitaria que necesita una amiga y en esta vida no tengo tiempo.

Y tal parece que la vida pasa y a María se le comenzó a poner el pelo cano, Mario ha conseguido compañera que lo ayuda en casa, parece que la cosa va en serio y se alegra mucho por él. Y los hijos crecen y se hacen hombres y comienzan a equivocarse y un día María no está más junto a ellos para ayudar.

Y se extraña el "Buen día, a levantarse", las largas charlas de mamá. No importa cuantas veces les haya dado un beso o un abrazo, lo que más extrañan es la dulzura con que mamá trataba de disimular la espinaca en aquel soufflé. Hoy, todos ellos disfrutan de su plato de espinaca.

Una nueva aventura

Para mi es toda una aventura. Trataré de merecer estar presente entre ustedes, amigos desconocidos, compañeros de viaje.

No sé si tengo algo importante que decir, sólo sé que me gustaría aprender cada día un poco más para que valga la pena que ustedes dediquen un poquito de tiempo en leer lo que tengo para decir. No pierdo las esperanzas de que en algún momento mis "decires" tengan peso o por lo menos y nada menos lleguen al corazón que creo es lo único que me interesa.

Un abrazo a todos, Vivi

La ingenuidad no tiene edad

No es malo ser ingenua ni pertenece sólo a los niños ni se necesita ser inocente para serlo. Después de todas las cosas terribles que una/o ve cada día, ser ingenuo es un oasis para el corazón y para la mente. Quizás sea la mejor forma de luchar para combatir tantas olas de crueldad y descreimiento.

 

Prefiero ser una anciana ingenua a convertirme en una vieja descreída.